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viernes, 7 de noviembre de 2014

Mantenimiento planificado, mantenimiento seguro.



La labor de mantenimiento implica una interacción total tanto con la maquinaria e instalaciones presentes en la empresa, pero también con los compañeros de trabajo y en ocasiones con el resto de la plantilla.
Nuestras tareas son diversas y numerosas, dependen mucho del tipo de actividad o servicio que preste la empresa en la que desempeñemos nuestro trabajo, así reparamos (yo al menos lo intento), sugerimos mejoras, detectamos problemas, realizamos rutas de inspección, entre otras tareas, etc. Como es fácil comprender todas estas acciones conllevan poliédricos y numerosos peligros, a los que debemos añadir la particularidad en el desarrollo de nuestro trabajo de la disponibilidad horaria y nuestra rotación de turnos o la presión de tiempos que le añade, en ocasiones, fatiga física o mental.
Según los datos de Eurostat relativos a varios países europeos, en 2006, entre el 10 % y el 15 % de todos los accidentes mortales estuvieron relacionados con las operaciones de mantenimiento.
Otros factores de riesgo habituales son el exceso de confianza por el desarrollo habitual de la tarea ejecutada (imprudencia profesional), el desorden y la desorganización en el entorno de trabajo, así como los defectos en equipos y herramientas o modificaciones de las protecciones de éstos últimos. Estos factores pueden también aumentar el riesgo de que se cometan actos inseguros.
En la industria agroalimentaria en general, como en la que actualmente desarrollo tareas, pueden presentar los siguentes tipos de peligros:

  1. Sustancias peligrosas (grasas, disolventes, etc).
  2. Agentes biológicos (virus, parásitos, etc).
  3. Presencia de polvo o suciedad en general.
  4. Golpes y atrapamientos.
  5. Trabajos en espacios confinados (asfixia, explosión, incendio).
  6. Caídas al mismo o distinto nivel.
  7. Sobreesfuerzos.
  8. Ámbientes térmicos extremos.
  9. Estrés laboral.